A CALLAR!

Quiero volver sobre un tema sobre el que me parece siempre importante transitar: la crítica. Ayer, leía a Ticio Escobar que dice: «La facultad crítica del arte se encuentra hay en apuros en el centro de un escenario sujeto a la hegemonía de la concertación política-cultura-mercado»

Escobar se refiere a las posibilidades críticas de los artistas, que no de los críticos de arte. Y yo me pregunto, les pregunto: ¿Dónde están los críticos de arte hoy?. Y respondo: en las páginas de economía de los grandes diarios, en las revistas patrocinadas por el mercado de las bienales, etc. La consecuencia de este estado de las cosas es que, en resumen, no hay crítica. Todo está bien, a todo el mundo en el campo del arte le va bien (por lo menos los que aparecen en los medios), y más todavía, les va tan bien que, aún sin vender nada (porque nadie quiere declararlo), se los ve felices y sobre todo: legitimados.

Porque digo yo: ¿Quién dice lo que es arte?. Ya sabemos, cualquier cosa a la que le cuelguen una cédula, esté enmarcada o sobre un pedestal y aparezca en una galería o, mejor, en un museo es una obra de arte. Alguien dijo que la consagración en este pequeño mundo es producto del capricho de las instituciones, o de los curadores (agrego yo), que de algo tienen que vivir. Ojo! yo estoy estudiando curaduría!, y en la universidad me enseñaron a no respetar las normas, y a interpelar todo lo establecido. Entonces digo: los curadores son como sacerdotes, viven de la consagración. Entonces, no hagamos de esto una regla general, y empecemos a ejercer nuestro derecho a opinar. Para empezar porque no me hacen una buena crítica de estas dos exposiciones de H. C. Bresson e Ives Klein. Yo no vi ninguna de las dos 😉

¿Quién empieza?

Fotos: Arriba, Henri Cartier Bresson (en la Usina del Arte). Abajo: Ives Klein (en Fundación Proa)