A las puertas de la percepción

En el post anterior se dio una muy buena charla acerca de lo que se ve, cómo lo vemos, y cómo lo que vemos nos mira.

Son tres pasos muy bien explicados por Juan Di Prospero y Ruben Arteaga (click aquí para leerlos). Estamos entonces ante la evidencia de que una buena fotografía tiene una triple cualidad por la cuál «llega» y se introduce en nuestro cuerpo, en nuestro sistema. Casi casi como Neo en el cuerpo del señor Smith cuando comprueba que él es The One

«La cucharas no se doblan» se repite a sí mismo Neo cuando empieza a sentirse capaz de frenar la caída de un helicóptero en medio de dos rascacielos. Neo había visto, en la sala de espera del «oráculo» a un extraño niño con aspecto de monje budista doblar cucharas con solo mirarlas. Y el niño le había contado que su experiencia era imposible, por eso las doblaba tan fácilmente.

En un artículo acerca de la Photo League en Nueva York en los años 40, Walter Rosemblum hizo una analogía entre las famosas manzanas de Cezanne y el compromiso con la imagen de aquellos fotógrafos, que encabezados por Sid Grossman, no trataban de cambiar el mundo, si no más bien comprenderlo. All igual que Neo, habían percibido que lo imposible estaba al alcance de la mano, y lo intentaban con un aparato rudimentario y poético.

Hoy, estamos a las puertas de la percepción. La realidad aumentada comienza a ser un posibilidad, y no estamos escribiendo acerca de la posibilidades creativas que nos acerca. La tecnología nos está ganando la partida (hace rato), mientras nosotros seguimos haciendo nuestras fotos en blanco y negro, buscando la sección áurea.

Imágenes: Walker Evans, The Matrix, Vincent Van Gogh