¿Para qué sirven los festivales de fotografía?

Ayer inauguró la Tercera Bienal de Fotografía Documental de Tucumán. Estuvimos en la Casa Histórica, escuchamos los discursos, seguimos el itinerario de la historia de nuestra independencia en el divertido diálogo de tres personajes que encarnaban con humor a los que iniciaron aquella gesta. Y ya nos llevaban corriendo a la próxima inauguración! Me detuve en la pequeña muestra de Carte-de- Visite de la colección de Diego Araoz. Aqui les muestro un simpático grupo de niños a fines del siglo XIX, que no se sabe si están disfrazados o ya han emprendido el camino de la adultez. Y en el medio de estas delicias de la época, primorosas copias en cartulina muy bien conservadas, encuentro la foto de un muerto. Medio cuerpo desnudo, los ojos cerrados, el torso marcado por una linea oscura (una cuchillada). Es el cuerpo del General Justo José de Urquiza, asesinado en 1870 en el Palacio San José. Y es una Carte-de- Visite ! de la cuál los hermanos Araoz Ormaechea imprimieron 500 copias para vender.

En el viaje desde Buenos Aires, venía preguntándome, después de las experiencias de PhotoEspaña y Perpignan, ¿para qué sirven los festivales de fotografía? La pregunta me retumba en la cabeza mientras sigo mirando perplejo el rostro de Urquiza, los brazos pegados al cuerpo. Doy la vuelta, salgo a la ciudad. Cruzo la plaza principal rumbo a la próxima inauguración. Entro al Palacio de Bellas Artes donde se presentan cuatro muestras simultáneas. Me convidan vino en unos vasitos de plástico mínimos, casi una medida homeopática de vino muy rico. Recorro la muestra de Don Rypka, me paro frente a la cabeza de perfil de una Madre de Plaza de Mayo. Es una de las fotos grandes de la muestra. Otra grande es la del ombú (o gomero?) gigantezco que publiqué en mi anterior comentario.

Sigo caminando entre la gente y me detengo en las fotos de Eduardo Grossman, de Pablo Garber, de Tony Valdez. Multitud de jóvenes hormiguean por los pasillos, comentan entre ellos. Discuten apasionadamente. Estamos en Tucumán! (hago un autorefresh…). No estoy en Perpignan, ni en Madrid. Experimento un secreto orgullo. Tímidamente lo comparto con los colegas, los alumnos, la gente que se acerca a preguntar espontáneamente por tal o cuál foto.

Culmina la primera jornada del festival. Nos vamos a comer empanadas y a tomar vino en dosis más razonables. Ya tengo la respuesta a mi pregunta del principio. Mañana doy una charla y comienzo a colgar mi muestra.