ARCHIVOS INSURRECTOS

En 1972, el artista Luis Pazos escribía en un pequeño manifiesto estético que el arte debía ser directo, accesible, comprensible para todos; ético; nacional en su temática; comprometido en cuanto cuestionador de las formas de todo tipo de poder. ¿Qué tal?

Eran tiempos difíciles, hacia poco menos de un mes que habían fusilado a diez y seis presos políticos en Trelewy vivíamos en una dictadura militar. Hoy las cosas son bien diferentes. Aunque estoy seguro de que Luis sigue pensando lo mismo. ¿Y ustedes? Buenos Aires está en estos días con muchas muestras para ver. De eso es lo que habitualmente me ocupo en este blog. Una de ellas, Sublevaciones, curada por Georges Didi-Huberman en el Centro de Arte Contemporáneo MUNTREF en el Museo de la Inmigración, es la que más me conmueve. Y lo digo en tiempo presente, porque a pesar de que la vi dos veces (la primera en París, y la segunda  -algo diferente- aquí) sus imágenes siguen golpeando en mi espíritu. ¿Podría decir espíritu?. NO, me suena a religión la palabra espíritu. Y si algo no hay en esta muestra es nada vinculado con la religión.

Hay una obra en esta exposición que consiste en un film muy cortito en blanco y negro (arriba), donde se ve una mesa y una mano que golpea con el puño cerrado sobre ésta. En la mesa hay un lívido vasito de leche que comienza a conmoverse a medida que los golpes son más fuertes. Las gotas empiezan a salpicar y a salpicar cada vez más. El sonido es directo y penetrante. En esa peliculita está resumida la esencia de la sublevación de la que intenta hablarnos Didi-Huberman.

Y me hizo acordar a ese valiente manifiesto de Luis Pazos de hace cuarenta y cinco años, cuando escribir esas cosas te podía costar bien caro. Me reencuentro con esas palabras en esta muestra, y con otras muchas cosas más. Porque el montaje en el que han trabajado permite abordar desde la simpleza de un globo que se eleva por el aire, como si fuera El Globo Rojo, de Albert Lamorisse hasta la fantasmática persistencia de los desaparecidos, que nos miran desde el frente ominoso de un edificio sin ventanas  en la fotografía de Juan Travnik. En substancia, todas imágenes fácilmente comprensibles, fotografías, videos, dibujos, instalaciones, pinturas, revistas, libros. Todo sirve para enviar un mensaje potente. «Un mensaje de un mundo a otro», como le gustaba decir a Raymond Carver. Nosotros lo recibimos, y al menos yo salgo de la muestra convencido de que algo tiene que cambiar. Didi-Huberman lo dijo el día de la inauguración: «Si puedes cambiar tu mundo, estás cambiando el mundo»