ARTE Y DOCUMENTO

Si la policía te pide documentos por la calle, será porque quiere saber tu identidad. O tal vez quiera amedrentarte, una forma primaria y muy leve de castigo, de advertencia.

Digo esto porque la fotografía de tu documento tiene un valor relativo. Más allá de la posibilidad de falsificar el documento para mostrar lo que no es, tu cara no dice nada. No dice nada de vos. Lo que importa son los datos (palabras y números)  y la huella digital que le dan contexto y que aseguran que el de la foto sos vos y no otro.

Es cierto que si, como en épocas remotas de la fotografía (parece mentira!), las autoridades pusieran un poco más de empeño en hacer fotografías correctas (y no los borroneos que hacen), y estuvieran bien impresas, seguramente se podría intuir algo más del identificando.

Walker Evans, que sabía del relativo valor documental de la fotografía, fundó una manera de pensar y practicarla  que tuvo una gran influencia en generaciones y generaciones de fotógrafxs. Si vamos al origen de su pensamiento, encontraremos que sus intenciones eran francamente «antisistema» (capitalista), al menos en su primera etapa como artista (que fue cuando más notoriedad cobró su obra). Si había algo en lo que estaba en contra, era en la utilización de sus fotografías como medio de propaganda.

Antes de cumplir los 30 años, fue el protagonista de la primera muestra individual de fotografías en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (1938). No es que él estaba haciendo algo que nadie hacía. Evans tenía «los contactos» para llegar al MoMA, pero además, más allá de sus fotografías, tenía «la actitud» que otrxs compañerxs de ruta de ese entonces no tenían.

Evans murió cuando el mercado del arte empezaba a abrir sus puertas a la fotografía. Malvendió sus negativos, documentos, copias, archivos, colecciones, todo. Creo que podríamos hacer una comparación con lo que pagó John Maloof por las posesiones de Vivian Maier y seguramente andarían medio empatados (teniendo en cuenta las diferentes estaturas artísticas de cada uno, claro).

Pero lo que quiero decir es que en el siglo XXI no veo ningún Walker Evans asomando. Su progenie fotográfica, salvo Robert Frank, terminó claudicando con el sistema. Walker Evans hizo fotos que mostraban algo que no se podía «bajar» a las palabras. Por eso su fotografía fue peligrosa en su tiempo. Y el poder necesita fotos que puedan ser explicadas en palabras, como las del documento de identidad.

¿Tienen algún candidato que pueda ser el heredero de Walker Evans?