Blanco sobre negro

Si una función tiene el arte, es la de ser documento, testimonio de su época. Este aspecto se  puede dar de modo involuntario.  Es indelegable e ineludible. No hay como zafar. Decíamos que arte y documento van de la mano, y la técnica fotográfica es el sistema en el que mejor se potencian.

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Susan Sontag agrega además que las fotos mejoran con el tiempo. No es que se hagan más buenas por arte de magia. Sucede que lo que vemos ahora, con el paso del tiempo, tal vez ya no exista, o se haya transformado de una manera radical. Incluso podemos volver, tal vez, a los mismas personas u objetos para comprobar que el «otro» ha muerto o ya no está.

Las fotografías de Pablo Piovano son un complejo ejemplo de la fotografía documental en estado puro. Con la fuerza expresiva de su tradición que parece no envejecer nunca, el documentalismo se despliega mejor cuando los temas son lo suficientemente urgentes. Pablo habla de documentalismo de denuncia.

83 fotografías en el Palais de Glace son las que componen El costo humano de los agrotóxicos. Imágenes, que casi siempre son series o en algún caso un reportaje completo, en blanco y negro con marcos negros (aunque Pablo dice que en color se ven muy bien también) y con un retoque pesado, de negros profundos.

La experiencia que proponen las fotos de Pablo consiste en la imposibilidad de desvincularlas, siquiera por unos segundos, del horror y la indignación que provoca ver el crimen que se está cometiendo delante de nuestras narices, junto a la ternura enorme que provocan  cada una de las personas retratadas. Es el documento, y es el arte.

Les subo un breve reportaje y algunas vistas de cómo se ve la muestra. Hay que ir a verla, y pasar la voz. Como dice Pablo: «aunque más no sea para que se sepa»