Camino de cintura

Un delicado cordón (pero no el umbilical) es el que comunica o divide, según se mire, la trayectoria de un artista en ascenso. Hoy en día, los llamados “autores emergentes” pueden dejar de serlo en un período tan breve como la duración de un festival de fotografía, o una feria de galerías.

Los medios devoran nombres e inventan tendencias. Necesitan de la novedad igual que un nene su juguete nuevo.  Por el lado de los autores, los premios importantes pueden acortar ese período necesario de maduración del artista a plazos cortísimos. Y esto tiene un costo. El costo ser transformará en pura ganancia si el autor vive el cambio de estado (de promisorio a consagrado) con humildad y sin pretensiones. Es un camino de cintura. De un lado la gran ciudad y del otro el conurbano. Hay que transitar ese camino sin dejar de ver los dos márgenes. Si se lo vive como una división es porque se olvidó el origen. Y lo que importa, ya sabemos, no es a dónde llegamos, si no cómo hicimos el recorrido.

La fotografía argentina está en un gran momento. Es inaudita la cantidad de buena obra que se ha visto durante la última edición de Buenos Aires Photo. Yo estimo que un 40 por ciento de lo que se exhibió era de primer orden. Y lo que no lo era, reunía comodamente los estándares ineludibles para este tipo de evento.  Ustedes, ¿qué porcentaje arriesgan?

Faltaron algunos históricos. Es necesario revisitar el pasado reciente y rescatar a varios grandes autores argentinos que son los precursores de lo que ahora está sucediendo. No es tarea de las galerias comerciales hacer ese rescate. Pero si de las empresas e instituciones que tanto están contribuyendo a la creación de una cultura fotográfica en el público de Buenos Aires.

Tal vez los  jóvenes autores de hoy puedan aprender de esos grandes maestros no descubiertos cómo recorrer ese camino de cintura para no marearse en la primera curva  y perder pie antes de la consagración.

El último renglón, para el debate: ¿Qué les pareció el nuevo premio PETROBRAS a Dino Bruzzone?

Foto: Maxie Amena / La Nación