CÁPSULAS DE TIEMPO NO REVELADO

Si la imágenes fotográficas conservan alguna importancia para la historia cultural de la sociedad, se debe (entre otras muchas cosas creo yo) a su «valor indicial». Este concepto está ligado a las cualidades físicas y químicas que posibilitan retener una imagen de algo o alguien capturada por el aparato fotográfico. Sin ese «otro» no habría fotografía. Ahora, estas ideas han sido puestas en duda (muy seriamente) desde que la posibilidad de crear «fotografías» sin referente alguno es muy posible por medios digitales.

No obstante, el film sigue vivito y coleando. Ektachrome se volverá a fabricar. Lxs jóvenes compran cámaras de película e instalan laboratorios convencionales. Pareciera que en lo único que no tenemos mucho apuro es en ver las fotos que hicimos con nuestra Pentax K1000, o nuestra Yashica 635 🙂

Los otros días, estuve en una charla muy interesante donde Jackie Parisier, acompañada por Valeria González, habló acerca de un trabajo que viene realizando y  que se expuso en Rolf Art. El título de su proyecto es «Days old» ,  y consiste en once rollos de película expuestos y no revelados, envueltos en ocho paquetes, que Parisier compró en una subasta online. Estos rollos estaban extrañamente empaquetados y prolijamente rotulados y datados. Todos pertenecían a una misma persona y fueron expuestos entre los años 1959 y 1961 en East Chicago, Indiana, Estados Unidos,

Al revés de lo que sucedió con el caso de Vivian Maier, en el que John Maloof descubrió un tesoro inédito en la historia de la fotografía contemporánea, Parisier se ha dedicado a ir desentrañando casi sin esperanza (de encontrar fotos como las de Maier) y sin pausa (porque sabe que su descubrimiento pasa por otro lado), las imágenes almacenadas en estos rollos de película. Y lo ha hecho respetando un ritual. Un procedimiento que se inició con la documentación de los paquetitos cerrados (que parecen «pequeñas momias» dijo Valeria González), hasta el posterior revelado y positivado de las fotos. Un minucioso trabajo forense para mostrar, de alguna manera,  ese tiempo que media entre la toma de la imagen y la obtención de los resultados. Ese tiempo, decía, que hoy mismo ha desaparecido junto a la instantaneidad del proceso digital, pero que en este caso ha sido inmensamente más largo, y en gran parte fuera de control. Nadie sabe por qué este señor nunca reveló esos rollos. Y pasaron sesenta años….

Como cápsulas del tiempo, estos paquetes cayeron en manos de una artista que decide hacer su obra a partir de ese proceso de descubrimiento. Esas imágenes siguen siendo mudas y mágicas, como todas las imágenes, pero a partir del trabajo arqueológico de Parisier han comenzado a hacernos preguntas.

¿A ustedes alguna vez les pasó algo parecido?