Comentario Sin título

En la última «foto de domingo» algunos de nuestros amigos lectores plantearon, asi medio de costado costado… cómo quién no quiere la cosa, el rol que cumple el título en una foto. Y yo les respondí que un buen título agrega a una foto, o la puede empeorar. Pero nunca nunca de los renuncas la va a mejorar…

Hoy, cuando corría mis 10 km diarios 😉 pensaba (nada mejor que trotar, uno supera el soberano aburrimiento que la actividad provoca utilizando lo único que le queda libre: el cerebro!). Decía… trotaba, miraba (cuando las apneas me lo permitían…) y le busqué la vuelta a esto de los títulos que me quedó picando….

Me acordé primerísimo que nada de «Equivalentes», que fue el título de la serie que Edward Stieglitz hizo sobre los cielos. Buenísimo! El observador estaba en el menudo problema de saber a que coño eran equivalentes esas fotos. Ahora bien, si estas imágenes no hubieran sido «nombradas» tan brillantemente, las veríamos tan buenas buenas, lo que se dice buenas? Queridos lectores, aquí entran ustedes en escena, porque yo estoy quemado a esta hora (además me duelen las dos rodillas…)

Luego, rocordé al bueno de Ueno que tituló su muestra en Catena «Distraidos venceremos». «Fue una forma de provocar» dijo Guillermo. ¿Y las fotos? pregunto yo.

Qué piensan ustedes de Robert Adams y su serie  “Qué compramos: El Nuevo Mundo” (1970/74). El conocimiento previo del título no afecta definitivamente nuestra visión de sus fotos? Para bien, para mal…

Mejor sería leer su libro y hacernos la pregunta que sí vale la pena hacerse: ¿Por qué fotografiamos? Reconozco que me encanta ponerle títulos a las cosas (pero no a las fotos!). Me acuerdo de «La Dama y el lago» de Raymond Chandler, y El Largo Adiós, del mismo autor. «Ampliación del campo de batalla» de Michel Houellebecq. Perdón! me fui! Siempre hay un «perdón» o dos en mis comments ¿Por qué será?. Mi origen católico, seguramente… la culpa!

Vuelvo, y les cuelgo este interrogante: Este fin de semana, Martina me señaló un error imperdonable en mi comentario «El Extraño Caso de la Escultura Desmayada». Ahi publiqué una foto donde aparece una pintura de una mujer acostada, esquelética. Y equivocadamente le asigné la autoria que pertenecía a  la pintura chiquita que aparece a la derecha de su pantalla señora, mientras que el título se lo saqué al cartelote negro (perdón, la obra!) a la izquierda y arriba de su pantalla señora, que dice «Quiero desaparecer». Tan bruto soy que me pareció que esa joven casi moribunda, acostada con las medias puestas, decía precisamente que quería autoborrarse de este planeta.  El mensaje resultó potenciado por un título erróneo.

Termino amigos, termino este comentario de miércoles, y ustedes le ponen el título.