Con permiso por favor

Recién lo charlábamos en mi muro de FB: el problema fotografiar a un extraño. ¿Cómo se aborda a una persona que nos interesa fotografiar por alguna razón?

Recién entré al blog de Joerg Colberg y ohhh casualidad! me encuentro con un extenso artículo sobre el tema, pero específicamente en la disciplina de la fotografía callejera. Por favor, lean el artículo, vale la pena.

Colberg  consigna que lo que todos aclamamos (e intentamos copiar «copiosamente») del talento de Garry Winogrand, es algo que hoy en día puede (¿y debe?) ser cuestionado. Colberg dice que uno no puede andar por la calle fotografiando a cualquiera sin ningún límite.

¿Y si el fotografiado nos descubre y nos pide borrar la foto?

¿Si no nos descubre, pero intuimos que nada le gustará el resultado? (ustedes saben de qué les hablo)

¿Cuánto sabe el público local acerca de la fotografía callejera? ¿Es nuestro deber informar también?

¿Tenemos que tener en cuenta que la brecha entre lo «legal» y lo «ético» a veces es un poco confusa? ¿Vale más nuestro derecho legal que nuestro deber ético?

Volviendo a la charla que tuvimos en mi muro, un comentarista linkeó un trabajo suyo donde mostraba en un video cómo reaccionaba la gente cuando el autor les disparaba un flash a 60 cm de distancia sin previo aviso. El resultado, como se imaginarán, es francamente pobre. En esta charla (que duró unos diez minutos y tuvo 40 comentarios) rescato opiniones muy valiosas. Les pido que saquemos conclusiones aquí, en los comentarios del blog, asi podemos responder a cada uno.

Les planto para ilustrar este post, tres autores emblemáticos: el mismo Winogrand, encabezando este post. Richard Avedon, y Phillip Lorca-diCorcia.

¿Quién empieza?