Cuento de domingo 03

Había un campo con cuatro burros, dos machos y dos hembras, pastando, más de dos crías, pequeñas. De una clase de burro muy pequeña, en la que las crías son aun más menudas. Estaban parados allí. Entro a este campo y me siento contra un manzano. A lo largo del terreno se pueden observar todas las huellas que dejaron, porque han estado semanas allí.

dsc_7193.jpgY en dos sectores ya no hay pasto, queda tierra más bien rojiza, porque todos los días, en dos ocasiones, van y en ese pedazo de tierra se ponen de espaldas, sus patas en el aire, y ruedan, sólo para rascarse, primero siempre los machos y luego las crías. Están allí y me observan y se me acercan, y huelen como burros, un olor muy distinto al de los caballos. Y los machos me tocan la crisma de la cabeza con sus patas delanteras y sus músculos, allí, son blancos. Moscas alrededor de sus ojos. Las moscas están mucho más agitadas que ellos o que la mirada curiosa con que me escrutan. Hace mucho calor. Ahora están parados a la sombra, del otro lado del campo, al borde del bosque. Allí pueden quedarse inmóviles durante media hora, especialmente al mediodía, cuando el tiemop en el campo, en el verano, se hace más lento. Una de las crías succiona la leche de la madre con sus orejas contra las ancas. Y esa leche es lo más parecido a la leche humana. Entonces, a la luz del sol distingo sus patas, la delgadez, la pureza, la increible concentración y la certeza. Por contraste, cualquier otra pata o pierna se vería intranquila. Las patas del burro son para cruzar montañas que ningún caballo puede afrontar, son patas para llevar carga inimaginablemente pesada. Si se observan las rodillas, las zancadas, las articulaciones, todas las partes de sus patas, hasta las pezuñas, no podrían ser sino patas de burro. Ahora se alejan, las cabezas gachas, pastando hierba, las orejas sin perderse el más mínimo detalle, y los observo. Y en un intercambio como éste, en ese campo, un mediodía, en la clase de compañia que nos hicimos, había un substrato, un cimiento, de algo que sólo puedo llamar gratitud.

John Berger. Boulevard Central. John Berger-David Harvey. Pensamiento Urbano. Edhasa