El agua y el aceite

Está comprobado que una pintura «dice» mucho más que una fotografía. Bueno, no sé si está comprobado, la verdad. Pero los invito a que miren el libro Anatole Saderman. Retratos, autorretratos + retratos, y me cuentan.

En el momento de mayor actividad de Saderman, se decía que el artista que no había sido retratado por él, no tenía rostro. Su fotografía, de carácter «documental/humanista» para dale una definición hoy muy a la moda, se limitaba a dramatizar los rasgos del sujeto.

Su verdadero desafío fue la producción bipolar con esos mismos personajes retratados. Los autorretratos de esos artistas le dan otro contexto a las adustas propuestas de Saderman.  Un fotógrafo clásico, haciendo una apuesta audaz.

Tan audaz como el planteo de Ananké Asseff en su libro antológico publicado por Larriviere (encabezando este post). Valeria Gonzalez en su texto introductorio cita la famosa frase de Spinoza «Si se me prohibe algo, es porque puedo hacerlo» Y Ananké lo intenta desde su temprano autorretrato en el que aparece lamiéndose su axila sin depilar. Todo un golpe de inspiración que finalmente se tranformará en una variedad de conceptos que son los que dominan la mayoría de su obra posterior hasta llegar a unas espléndidas esculturas que aparecen sin justificiación alguna.

Saderman persistió en los mismos temas toda su vida. Y su trabajo comercial se transformó en personal casi  sin darse cuenta. Los autorretratos de otros fueron el complemento de su obra. Ananké busca su destino como artista, y convierte su autorretrato en obra creativa en pleno desarrollo.

Pero en el medio de esta comparación delirante ( 🙂 ) hay mucha tela para cortar sobre los usos y estilos en la fotografía actual. La sigo en otro post!

Fotos: Ananké Asseff, Untitled (P.B.) Diptic. 2001. Anatole Saderman, Horacio Buttler