El dolor de los de atrás

Dos de cada cinco aspirantes a fotoperiodistas que conozco, por lo menos dos declaran su deseo de ser corresponsales de guerra. Quieren estar en un escenario bélico, y no les importa cuál es esa guerra y de qué lado van a estar.

Rodrigo Abd, gran amigo, ganó junto al resto del equipo de AP el premio Pulitzer por la cobertura en el conflicto de Siria. Cuando Rodrigo trabajaba en La Nación, recuerdo que, durante los hechos del 19/20 de diciembre del 2001 volvía una y otra vez de la plaza de Mayo con su material con una pasión contenida (y debería entrecomillar esta última definición). Su adrenalina se notaba solamente en el sudor, y el olor a quemado que despedía.

Rodrigo nunca me manifestó su voluntad de ser corresponsal de guerra. Su pasión por la imagen lo fue llevando a conflictos cada vez más difíciles y peligrosos. Para mi, su tarea es tan importante como lejana. Quiero decir, nunca se me ocurriría cubrir un conflicto bélico (aunque alguna vez lo pensé seriamente) y mucho menos una guerra en la que me pueda sentir utilizado por alguna de las facciones en pugna.

Pero lo de Rodrigo, como lo de otros grandes fotógrafos de guerra, es diferente. Ni siquiera podría decir que es un estilo de vida. Hace unos pocos años me mostró sus retratos de afganos, que hizo durante su estadía de más de un año en Kabul, antes de que estallara el conflicto abiertamente en Afganistan. De tan aburrido que estaba, Rodrigo hacia lo que en la jerga de las agencias se llama «features» y no paraba de disparar buenas fotos. En una plaza de desocupados los retrató a todos, y luego le compró la cámara de cajón a un fotógrafo desocupado y los volvió a retratar a todos otra vez pero con negativos de papel. Hizo retratos históricos de gente que vive ahora.

En Guatemala (abajo) siguió haciendo lo mismo. Estoy seguro que sus mejores fotos no son las de guerra.

Rodrigo es un fotógrafo sofisticado. Y como tal se da el lujo de estar del lado de los que sufren, del lado de los «de atrás». Su trabajo no busca las regalías de la abnegación militante. Él busca fotos, todo el tiempo busca fotos. Haya conflicto o no.

En un país que se olvida de sus grandes talentos hasta que les llega el reconocimiento internacional, Rodrigo Abd es, junto a un puñado de jóvenes más (Walter Astrada, Alejandro Chaskielberg, Martín Weber, Alesandra Sanguinetti, etc), el mejor ejemplo de la fotografía argentina que emerge y se está convirtiendo en una ola imparable de talento que se impone por su propio peso, el de miles y miles de fotos buenas.