El héroe positivo

Ser fotógrafo implica una cierta idea de la trangresión. Siempre estamos tropezando, y traspasando, alguna barrera entre lo que se puede hacer y lo no permitido. Más temprano que tarde alguien se da cuenta de nuestra intromisión. El retratado que teme por los resultados de nuestra toma, alguien en una escena callejera, las víctimas de un desastre. Hasta los perros lo piensan dos veces antes de enfrentar amigablemente la cámara.

El uso que Spencer Tunick hace de la fotografía es la de testimoniar la muy buena predisposición de sus sujetos (Arriba, Manchester, 2010). Son siempre una cantidad variable de personas posando totalmente desnudas, agrupadas en lugares muy representativos de un número considerable de ciudades del mundo (incluida Buenos Aires en 2008).

Justo el sábado a la noche pesqué un documental buenísimo sobre su trabajo. Al principio era un francotirador. Tenía problemas con la policía, con los custodios, con los gobiernos. Ahora, consagrado como un gran artista, lo invitan de todos lados, y la lista de empresas e instituciones que lo patrocinan ya no entran en su website.

En el documental, después de haber viajado  un año entero por varias ciudades del mundo, termina su periplo en la bienal de Sao Paulo. Después de la inauguración, y del reconocimiento del púlblico, Spencer le confía a un amigo: “Ahora me gustaría empezar a ganar algo de dinero”

Tengo la impresión de que cuando un artista empieza a ganar dinero (bastante) con su arte, eso trae aparejado la aceptación de todo el mundo. La policía ya no te va a molestar y llegarás a las ciudades invitado por instituciones.

Ahora bien, me pregunto, les pregunto: ¿Cuál es la meta para un artista en estos tiempos que corren?. ¿Y si el artista es un fotógrafo?. Por intentar ganarte la vida decentemente con tu arte, es posible (si las circunstancias se dan como nuestro amigo Houellebeq imagina) que termines acumulando más dinero del que podés gastar. Por suerte o por desgracia, este no es mi caso! Pero nunca pierdo las esperanzas…