El infierno de los vivos

Primer día en Perpignan. La inauguración oficial de Visa Pour L´Image fue ayer (me la perdí!). Me acredité en el Hotel Pams y fui directo a las primeras charlas en el Palacio del Congreso. Llegué cuando el norteamericano Paul Fusco estaba terminando su conferencia “Desde el asesinato de John Kennedy a los niños de Chernobyl”. Es impresionante ver a este hombre demacrado por su propia enfermedad, intentando describir en palabras el irreparable daño que la contaminación con uranio ha dejado sobre los cuerpos deformes de esos niños, arrumbados en lugares que no puedo nombrar, porque no parecen hospitales o asilos; solo cuartos abandonados y sucios.

Luego tuvo lugar la exposición de la francesa Marie Dorgny que mostró su trabajo “Tan lejos de Ghandi”. Un desolador  panorama de los desplazados, los sin casta, los “comedores de ratas”, en Bihar, al noreste de India.

Parece que lo mejor del fotoperiodismo mundial está siempre asociado a las grandes tragedias. Tengo la impresión de que hay toda una porción de este planeta convertido en escenario de los horrores más indescriptibles. Y hacia allí van los fotógrafos de todas partes, tentados por lograr una historia conmovedora. Solo unos pocos logran fotos inolvidables, y son menos aún los que consiguen publicarlas.

Salgo a la calle, está soleado. Doy la vuelta por una callecita serpenteante, encantadora, con la ropa secándose al sol en cada ventana de los viejos edificios. Encuentro una fotografía enmarcada sobre una silla. Es un retrato, pero de espaldas. Se ve solamente la nuca del que posa. Entro al local y descubro una muestra mínima. Son unos pocos retratos de gente de espaldas. Inmigantes que han vuelto a sus paises. “Culpables de ser extranjeros” dice el texto de la pequeña postal que explica el trabajo de Nicole Bergé, que da su propia versión de los desplazados. Al menos, los que él conoció. Un despojado retrato colectivo de los que se tienen que ir, sencillamente por que no hay lugar en esta otra porción del planeta.