El príncipe de los fotógrafos

Ayer a la noche, el clima estaba tan fresco y agradable. Me dieron ganas de montar en bici y salir a fotografiar la ciudad, tranquila y con poca gente circulando. Me inspiraba la serie Summer Nights (arriba),  de Robert Adams, que vi en su buenísima retrospectiva en el Museo Reina Sofía.

Pero si uno tiene un lindo tema para fotografiar, está motivado, y con la cámara lista además, ¿Por qué no dejarlo para otro día? Asi que no fui nada y me quedé en casa mirando al gato limarse las uñas contra mi sillón nuevo, y estudiando  los dibujos de John Berger (abajo) mientras pensaba en cómo Robert Adams habrá trabajado (de verdad 🙁 ) casi 60 años para forjar una obra incomparable.

Y me atrevo a decir “incomparable” porque sus trabajos más tempranos son casi idénticos (en la calidad y el tratamiento formal ) que los más recientes. Nunca encontré tal coherencia en un autor contemporáneo, salvo Nicholas Nixon, que le anda raspando aunque sus temáticas son bien distintas, o no tanto.

Más allá de la calidad de las fotos individuales, inteligentemente agrupadas por tema, es notable el uso de los dípticos en la puesta de Adams.  Los dípticos, la secuencia, el desarrollo de cada tema. Y todo el conjunto (más de 300 fotos)  irradiando una extraña atmósfera de serenidad, de agridulce desencanto con el mundo que hemos construido (arriba).

Ninguna foto más grande de 30 x 40. Marquetería blanca. Cédulas explicativas. Títulos y textos breves. Todos sus libros exhibidos.  El príncipe de los fotógrafos se exhibe de forma minimalista, sin estridencias. Pero deja un mensaje contundente, tan dramático como la más impactante fotografía de guerra.