Esa brecha

Entre lo que uno ve por el visor, y lo que finalmente aparece en la fotografía, hay una brecha. Es ese espacio o transición incontrolable que nos causaba más de un dolor de cabeza durante los años de aprendizaje. No podía ser que eso que había visto no apareciera tal cual. Allí estaba eso otro que no había salido de mi. Entonces, hubo cámaras que hacían buenas fotos, y otras que no tanto. Pero al poco tiempo, este recurso se tornaba también inútil

Ahora, que soy consciente de la brecha, tampoco me conformo. Recién, leyendo un reportaje a uno de los asistentes de laboratorio de W. E. Smith (foto de arriba), me di cuenta de que este gran fotógrafo enloqueció, tal vez por querer, infructuosamente, hacer desaparecer esa brecha entre lo que el veía y lo que finalmente terminaba impreso en el papel.

Hubo fotógrafos que se dedicaron a ampliar la brecha para ver qué pasaba (Paolo Pellegrin, por ejemplo-foto de arriba-), y otros que la vigilaron con ojo calculador.

Hoy en día, después de tanta agua bajo el puente, tal vez la brecha no exista más (tecnología digital mediante), y por eso lloran los nostálgicos del film.

Entonces les pregunto. ¿Para ustedes existe la brecha todavía? Y si entonces conocen a ese pequeño monstruo, ¿qué hacen con él?. Aquí abajo les escribo algunas alternativas que yo trato de poner en práctica, según mi humor y las circunstancias…

1. Respeto al monstruo. Si salió algo distinto de lo que vim admito que tal vez el resultado es mejor y trato de encontrarle un valor a la imagen resultante. Esto último nunca lo consigo por mi mismo. Tengo que mostrarle la foto a mi mamá primero.

2. Empleo algunas herramientas que la fotografía me ha dado e intento corregir para achicar la brecha. Disparo bastantes tomas para tener más para elegir después. Utilizo el reencuadre, corrijo niveles de contraste y brillo.

3. Me cago en el monstruo y acudo a todas las posiblidades que nos da la pos producción digital. Multiplico los layers al infinito, y voy fabricando capa tras capa la imagen que vi (en mi imaginación) hasta lograr plasmarla tal cual. La realidad no es un impedimento para mi.

¿Quién empieza?