Fotoperiodismo: ¿Una religión?

Ayer, después de la proyección de trabajos en el Campo Santo me topé con un norteamericano de 25 años,  de Wisconsin. Llevaba una botella de vino blanco y no tenía con qué descorcharlo. Una gastada Leica M-6 le colgaba del hombro. Desbordaba entusiasmo por el ensayo de Carlos Cazalis sobre Sao Paulo que recién habíamos visto. «Soy un fotógrafo analógico. Me entrené en digital, pero ahora solamente fotografío con película. Me voy a Nairobi la semana que viene y no sé dónde podré revelar mi material»

Curiosa religión la de estos miles de fotógrafos que se dan cita en Perpignan. Las proyecciones son misas a cielo abierto. Como humildes devotos todos hacemos la fila ordenadamente para ver una lista enorme de reportajes (los audiovisuales son tecnicamente excelentes) hasta la medianoche. A la salida, y después de despedirme del norteamericano y su amigo irlandés, me quedé pensando en la desproporcionada relación que hay entre el apasionamiento por la fotografía de prensa clásica, y el espacio cada vez más reducido que encuentra en los medios gráficos.

Hace 40 años, decenas de miles de jóvenes pensaron que el orden global podía cambiarse. Fue el mayo del 68 y sus repercusiones en todo el mundo. El sueño duró poco. Un resumen de estos hechos fue la última proyección de la noche. Se vieron algunas fotos del fin de la Primavera de Praga de Joseph Koudelka. La multitud irrumpió en aplausos y expresiones de admiración. La fotografía continúa siendo una pasión que atraviesa generaciones y cambios tecnológicos. La ilusión está intacta.