Ilusiones perdidas y encontradas

Lo que perdi es el comentario entero que habia empezado el viernes pasado. Estaba aqui en el diario y por no salvar «cada dos minutos» en esta maldita paginadora, apareció la temida ventanita que dice simplemente «ERROR». El comentario era sobre Gary Winogrand y su libro WINOGRAND 1964. Lo había estado hojeando de nuevo y me sorprendió darme cuenta de lo bruto que soy. Sucede que los fotógrafos nos dejamos llevar por las fotos, pero en su superficie, y muchas veces no llegamos a desprender la capa subterránea y esencial que hay en las imágenes de los grandes fotógrafos.

Siempre había pensado que la declaración de Winogrand para su aplicación a la beca Gugghenheim de 1963, tan pesimista y melancólica había sido una maniobra para hacerse con el dinero y emprender el viaje a través de los Estados Unidos que venía planeando desde que vió por primera vez American Photographs, de Walker Evans. Pero sobre todo después del impacto extraordinario de Los Americanos, de Robert Frank.

En la tarde de la navidad saqué el libro de mi biblioteca al azar casi, pensando en qué bueno sería tomarle el gusto nuevamente a la calle, que siempre me ha fascinado, y que últimamente me aburre bastante. Leí los textos, recorrí las imágenes. Fue como tomar una gran cucharada de mi helado preferido: por un lado está el placer del sabor familiar (dulce de leche :)) y por otro, el dolor súbito que provoca tanto frío junto en la boca. Me sentí nuevamente sorprendido por este grande de la fotografía, y al mismo tiempo caí en la cuenta de lo bestia que soy por no haber prestado más atención cuando alguien te está diciendo algo importante, duradero, que te va a mejorar la vida.

Winogrand habla de ilusiones perdidas en su breve texto. Ilusiones que tenían que ver con una sociedad que asistía al fin irreversible del gran sueño americano después del asesinato de J. F. Kennedy. Pero lo más importante es que Winogrand no acepta sus sombrías conclusiones. Y declara su inclaudicable deseo de seguir explorando en los rostros y en el paisaje de su país las razones de esa pérdida.

Cierro el libro, hoy es lunes y ya estamos terminando el año. He recuperado una ilusión que creía perdida. No hay que ser un buen fotógrafo para sentirse fotógrafo!. Gracias al ángel también!; ahora me doy cuenta que fue un leve llamado suyo, un aleteo casi imperceptible que desvió mi mirada hacia ese libro aquella tarde de Navidad.