La carne y la máquina 02

Esta mañana salí a trotar muy temprano. Hacía un frio del demonio! Cuando volvía para mi casa, se me pegó un perro callejero. Me sostenía el ritmo con cierto esfuerzo. Eso me indicó que estaba medio muerto de hambre, porque las patas no le daban para alcanzarme y pegarme un mordizco. Me hizo recordar la foto de Daido Moriyama «Stray Dog» (arriba). Luz y sombra y una cierta fiereza en el porte y en la expresión del animal. Una bolsa de carne con patas, estropeada y callejera, que mira con desconfianza.

Le cerré la puerta en las narices, por las dudas! No sea que el bicharraco tome el «segundo aliento» y yo me quedo sin pantorrilla. En un comentario anterior hacía referencia a esta comparación de la carne (la bestia en este caso) y la máquina. Y ahora encontré a mis dos caprichosas excusas juntas en la excelente revista virtual americansuburbx, que me recomendó Valeria Tamargo (gracias Val!). Ahi lo encontré a Moriyama acompañado de un texto increible de Leo Rubinfein y también un reportaje al matrimonio Becher (izquierda), que hace cuarenta años fotografían máquinas que parecen edificios y que evocan  las fotos de David Trautimas, que tanto Photoshop tuvo que aprender, pero no tiene que pelarse los dedos de frío trajinando el paisaje industrial del valle del Rhur, como estos dos maniáticos de Bern e Illa.

¿Y ustedes que ven? Porque yo veo máquinas gigantescas iluminadas magistralmente y por contraste, la carne bruta de este perro fulero al sol que por suerte no es el que me perseguía esta mañana. Y no veo nada más!