La claridad

Llega el viernes, mi primera semana en la nueva sede del diario. Una experiencia extraña, un lugar nuevo flamante. Un recorrido desde mi casa en bici (todo por Libertador, la mayor parte en bicisendas) que me hace imaginar una ciudad bastante diferente a la que transitaba hasta hace unos días (microcentro, caos, basura, manifestaciones). Mucha tecnología a disposición en la oficina. Vestuarios y guardaropas colectivos. Comedor en planta. Espacios recreativos. ¿Qué más puedo pedir a esta altura de mi carrera?… Si, yo sé qué mas puedo pedir…

Perdón, me fui del tema que nos convoca. Hoy es viernes decía, y hay que dilucidar el enigma sobre el juego de la cuatro fotos del post anterior. Arriba, les colgué la foto original de Raoul Hausmann, un dadaista que hizo este damerito en 1932. Como verán, hay dos fotos que no están en el juego que les propuse. Yo las reemplacé por otras del mismo autor. La elección fue caprichosa; es lo que fue saliendo mientras buscaba infructuosamente las dos fotos que finalmente nunca fueron halladas.

Decía mi amigo Pablo Garber  que los dadaistas seguramente no se proponían “decir algo” con estas combinaciones de imágenes. Yo les propuse a ustedes el juego más como un ejercicio estético que con la idea de construir un mensaje que se entendiera. John Berger piensa que por la combinación de fotos con significados relacionados se puede emitir un mensaje más o menos claro sin la necesidad de palabaras. W. Eugene Smith hizo sus intentos también. August Sander. En diferentes épocas y por las más variadas razones o necesidades, varios autores lo intentaron.

En el trabajo de Hausmann no hay mensaje. Loables han sido los intentos de nuestros comentaristas. Pero el melón en la silla era imposible de meter, lo reconozco. A mi me resultó imposible. Y creo que el mejor intento fue el de Ariel Baigorri (arriba). Hizo su propia trampita porque diseñó diferente, y le puso más onda con el gris de fondo.¿Qué opinan ustedes? Click aquí para ver todos los dameros.

Lo que hay que reconocer en el trabajo de Hausmann es que cumple a rajatabla con dos premisas fundamentales de la fotografía documental: 1. La claridad, y 2. La serie. Claro, su intención era experimental. Walker Evans (y les pido perdón por citarlo en uno de cada dos posts en este blog) lo hizo de un modo magistral, inigualable con su “Escaparate con fotos a un penique” en 1936 (arriba). En una sola toma hace el retrato de un pueblo entero (Birmingham) por medio de la serie (encontrada) y con una claridad sorprendente.

Espero comentarios. Cerremos esta charla tan interesante que tuvimos estos días. Hay que fijar día, hora y lugar para la entrega de premios!