La culpa no es del chancho

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Pasado mediodía y estoy peinando fotos. La tapa de adnCULTURA de la semana que viene está dedicada al escultor Enio Iommi (abajo a la izquierda), que tendrá una retrospectiva en el CCRecoleta el mes próximo. No hay reglas para este gran maestro. Se me ocurre que los escultores son un tipo raro de artistas. Están muy comprometidos con la materia. Miren amigos, amigas. ¿qué les parece?

Cronograma Nano

Tengo un librito de Cezanne que siempre me deja una sensación de alivio (¿?). Es una resumida biografía y algunos comentarios críticos. Pero más que nada está lleno de reproducciones de sus pequeños, breves e intensos cuadros. Las manzanas de Cezanne son una leyenda. Como las magdalenas de Proust. O los horizontes torcidos de Winogrand!

Y vuelvo sobre los horizontes. Pero ahora vengo patoteando con dos pesos pesados como Iommi y Cezanne porque quiero comentarles acerca de «las reglas». Si se fijan en la obra de estos pibes, se darán cuenta que ellos se dedicaron a investigar los materiales como paso necesario para conocer más profundamente la esencia de sus temas. No pensaban en las reglas.

Mucha de la fotografía contemporánea está llena de reglas. Y éstas no surgen de la búsqueda tormentosa o científica del autor. Parten de soluciones preestablecidas. Ni Marcos López se libra de esta mordaza. Si si, amigos, amigas. Es una mordaza que no nos permite zambullirnos en la materia. En las infinitas posiblidades del instrumento que manejamos… Disculpen, hoy es miércoles y me siento medio exaltado 🙂

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En el post anterior (buenísimos todos los comentarios!) me pasaron muchos links con fotógrafos que tomaron a la playa como sujeto. Ninguno, me atrevo a decir que ninguno se sacó la mordaza. Y arriba de todo les cuelgo una pic (perdón Fer!) de León Levinstein (*) para que aprecien las diferencias. Por favor, ¿me escriben algo acerca de este despropósito mio?

Toda mi vida me la he pasado sufriendo con mis pobres fotitos. Muy pocas veces obtuve algo que no estuviera previamente amordazado. Y cuando sucedía tenía la inclinación a pensar que era más mérito de la casualidad o del accidente (aún en una escena controlada) que de mi agudeza visual, o mi coraje para romper los moldes con seriedad y constancia.

Pero no hay que quejarse. La culpa no es del chancho! si no del que lo amordaza (¿?)

(*) Entre los abominables errores de mi post anterior, cité al fotógrafo Leon Levinstein. Pero le puse Rubinstein! (¿sería por Helena?). Sepan disculpar amigos lectores. Me gustaría que algún día se dieran una vuelta por la redacción y se fijaran cómo voy armando mis notas…