La elongación de los fotógrafos

Los fotógrafos necesitamos hacer un poco más de ejercicio. «Hoy salgo a sacar/tomar fotos». «Mañana voy con fulano a sacar fotos». «Es tan díficil fotografiar las cosas como quiero hacerlo!» «Tengo miedo de que me roben». «NO me gusta invadir la intimidad de los otros», «NO tengo tele» NO tengo angular» NO tengo digital» NO tengo ganas!

Asi no se puede. De excusas ya hemos construido el mundo en el que vivimos. Si tenemos una cámara cargada en las manos, es para usarla. O para pasearla! pero sin velos ni culpas escondidas. Yo tengo cámaras de paseo, son muy buenas. No tenés que cargarlas ni nada. Las llevás al hombro y en ciertos lugares te dan un aire a «fotoperiodista» Aunque parecer un reportero gráfico también tiene sus desventajas…

De todas maneras, lo que a mi me ocupa este lunes de lluvia y fotos malas dando vueltas por todos lados, es el tema. Hace algunos comentarios atrás se me dio por tipear palabritas acerca del famoso problema del «tema» que sumo, si me permiten, a la montañita de excusas que garabateé en el primer párrafo de este desatino de lunes.

Ayer, tuve la oportunidad de conversar con la fotógrafa Ale López, y los admirados escritores y editores de la revista OTRA PARTE, Marcelo Cohen y Graciela Speranza acerca de la ambigüedad de la fotografía. Si la foto es espontánea tiene un valor, si la foto fue planeada de antemano tiene otro valor. Pero el caso es que en muchas ocasiones no podemos distinguir cuál fue preconcebida y cuál detectada en el preciso instante en que sucedía la acción. Y al fin de cuentas, ¿a quién le  importa? ¿Cuál es la diferencia si la fotografía actual, como ya todos sabemos, siempre miente?

Mi tema, amigos mios, mi tema es «el tema». Y yo anuncio: me gusta fotografiar «la transformación de la ciudad» (por poner un ejemplo nomás). Acto seguido, me pongo a pensar. Pienso, pienso, pienso, y pienso, hasta que me doy cuenta que el tema elegido es una paparruchada. Entonces, mejor cambiar de tema, no?

Otra opción es: salgo y hago unas fotos horribles. Las suficientes para llegar a la misma conclusión que llegaba en el párrafo anterior. Y la última opción, la de los bravos y los soñadores: persistir en el tema. Mirarlo por un lado, por el otro, por abajo, por arriba. Probar una cámara y  otra. buscar la luz adecuada o llevarla. Apasionarse en el proceso de deconstruir el tema por la suma de errores y chantadas y riesgos innecesarios que implica insistir sobre algo en lo que no tenemos ninguna esperanza.

Y para lograr ese estado hay que elongar más, mover el cuello a un costado y al otro, y varias veces. Estirar, estirar. Sentirse liviano, sin sobrepeso. Pensar sin ilusión, y sin escepticismo. Actuar! que en fotografía es lo más importante. El resto es fácil: apretar el maldito botoncito.

Las fotos que ilustran esta nota que no pienso releer ni corregir (perdón 🙂 ), son a mi juicio, algunas imágenes que cambiaron el rumbo de la fotografía a lo largo de su historia. ¿Ustedes qué piensan?. De arriba para abajo: «Milk», de Jeff Wall. «Meudon», André Kértez. «Bud Fields and his family at home», Walker Evans. «Mujer Ciega», Paul Strand.