LA FOTO DE LOS 100.000 DÓLARES

En 1974, pocos meses antes de morir, Walker Evans vendió la totalidad de las copias que tenía en su casa de Old Lyme (aproximadamente 5.500 impresiones hechas por él mismo), en la suma de 100.000 dólares. (…) «todas las copias fotográficas de su propiedad, incluyendo portfolios y libros, o bocetos de libros, o ilustrados por usted. Acordamos también que usted, a nuestro requerimiento, firmará, donde sea posible hacerlo y fechará esas impresiones suyas».
Mientras George Rinhart (el dealer comprador comisionado por terceros) iba sacando todo el material por la puerta de la casa, Evans agarró su Polaroid SX-70 y disparó varias tomas de esa escena en la que toda su vida profesional y artística era cargada en el baúl de un Rolls-Royce y desaparecía de su vista.
La mayor parte del dinero obtenido, Evans lo destinó a pagar deudas atrasadas y las cuentas de sus innumerables tratamientos médicos.