La última trinchera

Hacer ochenta años, Walter Benjamin se dio cuenta, y lo describió en detalle, que aquella extraña sensación que se experimentaba al contemplar una verdadera obra de arte, no solo se desplegaba en aquello que estaba antes sus ojos, sino que había otros factores, como bien lo había señalado Marcel Proust, que contribuían a crearla. Lejanía e intimidad como un recuerdo fresco en la memoria pero casi olvidado.

La materialidad del objeto tenía muchísimo que ver con ese estado. La reproductibilidad técnica de la obra de arte venía a soplar con la fuerza de un huracán tanta inspiración sensible contenida en una imagen.

Tal vez, escribío Benjamin, el rostro humano era la última trinchera para resistir en este derrumbe que venía con el nuevo siglo. El rostro de una persona, aunque se trate de un extraño, tiene la peculiaridad de funcionar como un espejo. ¿Será eso lo que lo hace tan misterioso y al mismo tiempo provocador?

Para los fotógrafos de hoy (salvo algunos muy virtuosos) un retrato tiene que contenter algunos elementos que «ayuden» al rostro a transmitirnos algo. Las manos, el gesto, el fondo, la iluminación. Nadie quiere detenerse en «esa nariz», o la forma de las orejas. La irremediable asimetría de nuestras caras puede llegar a ser ofensiva.

Una foto carnet puede ser para mi una verdadera obra de arte. La última trinchera de la que hablaba Benjamin. Les propongo que suban a blog fotos carnet que ustedes consideren valiosas en el tono de lo que aquí les escribo. Y nos cuentan por qué, claro.

………………………………………….¿Quién empieza?

NOTA: La foto que ilustra este post forma parte de la muestra colectiva La última trinchera que se inaugurará el 21 de julio a las 19hs en la sala 22 del Centro Cultural Borges