La verdad de la imagen

Pasamos poco tiempo haciendo la cola para entrar a la Usina del Arte. Llegamos a las 17:20 hs. Cuatro minutos después había treinta personas atrás nuestro (las conté).

Después de una serpentina inexplicable a través del patio de entrada y el hall central del edificio, dimos con la muestra de «Henri Cartier-Bresson, fotógrafo» que reune más de cien obras del gran artista francés. En el posteo anterior en este mismo blog veníamos sosteniendo una muy interesante, y al mismo tiempo instructiva, charla acerca de estas fotos que han generado semejante aluvión de público.

Ahora, que he visto la muestra, puedo opinar con conocimiento de causa: las fotos son maravillosas (nadie duda de eso), el lugar, si bien majestuoso, es uno de los más inadecuados de la ciudad para ver ninguna muestra. Yo creo que las enormes colas que se han generado con esta exposición se deben más bien a lo intrincado de los espacios destinados a ella que a la enorme (y comprobada) convocatoria del gran maestro del instante preciso.

Salvado el primer tema (preocupante porque hay otros espacios públicos mucho más aptos en la ciudad), quiero contarles en unas breves anotaciones lo que me pasó con las fotos de H. C. B.

  1. Son copias analógicas en dos tamaños diferentes. Muy buenas impresiones (dicen que las últimas que él supervisó). Eso es ya de por si admirable. Es difícil ver en Buenos Aires este tipo de material. Un acierto.
  2. Para ser una muestra de tal magnitud, la disposición sonaba un poco caprichosa. Sus retratos merecieron un espacio un poco más chico que el comedor de mi casa (y no tengo una casa grande). Había grandes grupos de fotografías puestas sin orden ni cronología abarcando temas como el paisaje, o algunas agrupaciones por paises. La más lograda sin duda es la dedicada a los Estados Unidos (en la primera sala del edificio del Museo del Cine, donde se llega después de hacer otra cola en una escalera de metal)
  3. Las fotos en si mismas son increibles (siguen siendo). Justo cuando entrábamos, me encontré con un amigo que me dijo: «dudo que haya alguna foto ahí que no hayas visto antes» Y era cierto. Por momentos, transitando entre el gentío, pensé «por qué no me habré quedado en casa mirando sus libros!»
  4. Por qué son increibles sus fotos. Me detengo en una sola, pero que es representativa: Una venerable señora está sentada en una silla, en una hilera de sillas, en Hyde Park (foto de arriba). Llovizna y apenas se percibe en la imagen. La señora tiene una expresión de agradecimiento, o de disfrute, por esa leve llovizna que la acaricia en el final de su vida. Está muy elegantemente vestida. La foto es algo brumosa, el foco está en un borde de su tapado, y no en los ojos, que sin embargo se distinguen muy claramente (¿sería el punctum de la imagen?). Es asombrosa la proximidad del fotógrafo y la simpleza de la composición. La percepción del grano fotográfico y la calidad de la impresión (no hay negros profundos en ninguna de las copias de H.C.B.) hace que el observador sienta la necesidad de acercarse más y más a la imagen. Me sentí como Roland Barthes buscando la esencia de su madre!
  5. Podría hacer una descripción parecida, o en muchos casos aumentada, de cada una de las fotos de la muestra.
  6. Es indudable que lo que el gran público considera como el gran arte fotográfico, son este tipo de fotografías que se hicieron mayormente por lo menos hace más de 50 años. Cómo así también aprecian (hoy en Buenos Aires) el blanco y negro de Vivian Maier, o hace unos años la gran retrospectiva de Sebastiao Salgado cuando estuvo en Proa.
  7. Dicho lo anterior, me pregunto: ¿Por qué nos encontramos actualmente peleando en contra de la pura y simple bidimensionalidad de la imagen tradicional,  buscando arduamente nuevas maneras de «objetualidad» en la fotografía?
  8. Ningún otro gran artista (que yo humildemente conozca) se ha repetido a sí mismo tan genialmente como H.C.B.
  9. Todas estas imágenes  nos transmiten el melancólico fin de un mundo tal vez más claro (como las fotos de Henri) que se estaba transformando en algo mucho más oscuro e infotografiable.
  10. La fotografía tiene aura.

Salud! y que continúe el debate