La vida loca

No pude evitarlo. El fin de semana fue un sube y baja constante. Mucho champagne en la inauguración de Guillermo Ueno y Ale Urresti en Galería Ernesto Catena. Las fotos de la intimidad de Ueno son una invitación al sosiego. «Fijate la marquetería» me susurró Rosana Schoijett cuando se iba en medio de una casi multitud que celebraba en grande (¿qué celebraban?). No pude aguantar mucho más que diez minutos el interesente experimento en video de Urresti. Pero me impactó y tengo ganas de verlo otra vez.

A la salida,  el fresco de la noche (y las tres copas de champagne que me clavé) hicieron su efecto. Me pareció ver  la capa oscura de The Negative Man que doblaba por la calle Honduras. Un espejismo seguramente. Rosana me había invitado al cierre de «Mudanza» la muestra de sus alumnitos en la Librería Purr. Diez volúmenes de tapas negras. Uno mejor que otro. El más logrado para mi fue Susi & Cacho, de Celina Eslava.

Pero entre el viernes a la noche y el sábado a la tarde siguieron los saltos y las caidas. Cristian Poveda, fotógrafo y cineasta fue muerto a balazos el jueves pasado en El Salvador. Un bajón que recién encontró su espacio al mediodía del sábado. Cristian se atrevió con Las Maras e hizo uno de los documentales más estremecedores que he visto en mi vida: «La Vida Loca». Lo conocí en Francia el año pasado y me impresionó que alguien tan amable y simple hubiera hecho un trabajo tan personal, complicado y profesional. Sólo él, su cámara de video y un sonidista.

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Pum!… para abajo, me fui cayendo de a poco. «La felicidad es artificial» canta Gabo. Y allí fuimos el domingo a la tarde con Ale a verlo actuar en la increible creación de Carlos Trunsky en el Teatro del Globo. La obra está basada en la pieza «Four Walls» de John Cage y se titula «La Niña del Enfermero». Perdón amigos mios, pero a esa altura de la tarde del domingo, y mientras escuchaba los breves y contudentes golpes de Haydée Schhvartz en el piano, se me escapó más de una lágrima pensando en Cristian muerto.

La tragedia nos acompaña serena y silenciosa. Siempre está cerquita, por si queremos pasarnos del otro lado y visitarla. A veces no avisa. Cristian Poveda estaba avisado. De repente recordé una foto que hice en la mañana del sábado: un ramo de rosas rojas descabezado y aplastado que encontré en la vereda de mi casa, casi frente a mi puerta. ¿Una señal?

Sepan perdonar. La vida es así, Volar y Chocar. Y además es lunes, perdió Argentina. Aunque tenía el antídoto perfecto:  entradas para ver la última de Tarantino… para no presenciar la derrota. Pero la tragedia se presentó sin aviso. Van dos golpes, tres tal vez. «…cartas vacías en sobres viejos» canta Gabo. El jueves estará actuando en la Fundación Konex. ¿La felicidad es artificial o la vida es Loca?. En fin, al caer la tarde del domingo lo único que pude hacer fue rejuntar las malas fotos que hice y colgarlas de mi Flickr. Contarlo todo, sin decir nada.