La vuelta al orden

Imagino el futuro, de aquí a algunos años. Nos ubicamos en 2020. El escenario es el siguiente…

La situación económica en general es muy díficil. Nadie tiene un mango. Las instituciones culturales no tienen presupuesto, y mucho menos para bancar proyectos carísimos. La bienalización del arte ha terminado en una debacle. Las obras producidas especialmente para estos eventos no tienen ubicación posterior en el mercado. Nadie compra semejantes instalaciones. Además, no se pueden trasladar sin riesgo de destruirlas en el camino. Los museos ya no tienen espacio para obras gigantescas

La fotografía ya ha superado los límites de sus posibilidades. Hacer fotos es superbarato, pero acceder a una cámara que produzca documentos para hacer ampliaciones enormes (3 ó 4 metros mínimo de lado mayor), son inacesibles. La marquetería es más cara que las impresiones fine art, que por otra parte también están fuera del alcance de la gran mayoría de los artistas que no tienen subsidios de ninguna clase.

Los fotógrafos, que veinticinco años atrás publicaban sus ensayos en revistas o libros, se han convertido en artistas visuales. Los límites entre disciplinas artísticas no existen más. Uno puede jugar de arquero  o de diez. Con pelota redonda u ovalada.  Nadie le va a reclamar efectividad alguna en lo que hace.

Se impone una vuelta al orden. ¿A ustedes qué se les ocurre?

Imagen: «Introducción a la esperanza».  ca. 1963. Luis Felipe Noé. Óleo sobre tela, 201 x 224 cm. Donación Fundación e Instituto Di Tella, 1971.