Las palabras y las flores

«Sólo aquello contemplado por segunda vez constituye la obra» Carlo Ginsbourg

Estimad@s lectores, lectoras, comentaristas: El texto que sigue es la primera entrega de la entrevista que le hice a Gabriel Diaz, ganador del GPH del Salón Nacional 2015. En esta ocasión, elegimos con Gabriel desarrollar el reportaje en cuatro partes que iré publicando a lo largo de esta semana. El tono del texto es en primera persona. Es Gabriel quien les habla directamente. Bienvenidos sean los comentarios y las preguntas que quieran hacer.

«El título es fundamental en este trabajo, así como en muchas otras fotografías. Una va de la mano de la otra. Se necesitan. En este caso la imagen en si misma no alcanza, en cuanto no tenga un contexto. La idea, el concepto y por supuesto la estética son partes fundamentales de esta construcción. Muchas veces las imágenes se apoyan en algunas referencias y se potencian.

Elegí un título literal, documental. Es un título que señala lo que es. Y después, sobre eso, está mi forma de interpretar las imágenes, y cómo las presento. Es una evocación a los niños -bebés robados- nacidos en los Centros Clandestinos de Detención de la dictadura. Evoca eso, y quiere ser una metáfora. Después, la imagen tiene que hablar.

Entonces intervienen otros factores, el título, la elección de la técnica, el material utilizado, la forma de exponerlo, el enfoque para abordar el tema. Hubo varias decisiones La película es Polaroid vencida hace 10 años. La comencé a usar retratando a las Abuelas de Plaza de Mayo. Pensaba en esta película como un original único e irreproducible. Ese trabajo lo interrumpí en el 2000. Y ahora retomo el mismo tema, pero de manera diferente, sigo hablando de lo mismo y con las mismas herramientas.

Hace muchos años, sentía que quería hablar de esos niños. En toda mi fotografía estuve siempre ocupado de eso. Tiene que ver con las pérdidas y con la muerte pero también con la vida y la esperanza.

Cuando hice los Chicos de la calle (Muertes Menores, arriba) yo tenía 26 años y pude hablar de la orfandad y el desamparo. Luego fotografié a los niños de Chernobyl  (abajo) que heredaron los efectos de la explosión. Ellos recibieron la radiación a través de sus madres.

Este trabajo me enfrento a una dificultad, que era hablar del cáncer, las niñas sin pelo en tratamiento, porque refería a la muerte de mi hermana a los 12 años. La extremada cercanía al tema que me daba el retrato, el compromiso emocional me impidió tener la distancia necesaria para desarrollar el tema como esperaba.

En ese momento, quizás, fue donde me alejé del hacer fotografía, y me dediqué a editar libros de otros fotógrafos (a los que admiro). Y lo sentí como una posibilidad expresiva, no igual, pero muy interesante para involucrarme en la obra del otro, asumir su decir, e intermediar para que esa comunicación se produzca.

Mi deseo de fotografiar permanecía oculto. No tenía certeza de volver hacer fotos. Me perdí en el sin sentido de hacer las cosas. Encontrar el para qué, para quién.

Cuando vuelvo, después de cuatro o cinco años dedicado exclusivamente a editar, fue con un abordaje distinto. Siento que tome distancia física, y también afectiva. Volví fotografiando el paisaje urbano, donde lateralmente aparecen algunas personas. Fue una manera de hablar de la sociedad a través de sus formas de vida y de la ciudad que habitamos (“ese infierno que formamos estando juntos”)

En la actualidad me siento con energía para desarrollar estos temas y volver al retrato que es lo que más me conmueve de la fotografía. Y uno no siempre está preparado para eso. Para hablar de los otros, y de uno a la vez.

CONTINUARÁ EL MIÉRCOLES 17