LO QUE MUESTRAN LAS PALABRAS

Ayer escribí  una pequeña nota acerca de Julio López. A los pocos minutos, y como si fuera por un embrujo, el blog fue hackeado y el posteo desapareció. Asi que ahora trataré de reconstruir lo que ayer escribí, como siempre, en caliente.

Pensaba, decía ayer que pensaba, en una frase de Joan Fontcuberta cuando lo entrevisté hace unos años para La Nación. Le pregunté cómo podíamos denominar a lo que hasta el momento seguimos llamando fotografía, cuando ya claramente el término es, por lo menos, inexacto. Y Joan decía: «Estamos aún inmersos en una cultura logocéntrica y es la palabra la que dirige en buena parte nuestra inteligencia y nuestro conocimiento»

¿Cómo sería si darle un nombre a las cosas no fuera la única herramienta a mano?. Ha pasado tiempo desde esa conversación, pero lo que está pasando no me gusta nada, me atrevo a afirmar. Un mundo de imágenes vacías, o casi, como al que asistimos hoy mismo, es un mundo al que se nombra con palabras también vacías.

Por alguna razón, mientras pensaba estas cosas, me acordé de las fotos que se publicaron recientemente acerca de un registro de detenidos «extremistas» durante la dictadura militar en la ciudad de Córdoba. El Archivo Provincial de la Memoria hizo un trabajo formidable, y esas fotos están brindando evidencia de una cantidad de testimonios orales que no tenían imágenes, como casi todos los espantosos sucesos que ocurrieron durante esos años.

Vendas manchadas de sangre, ojos tapados, rostros desencajados, manos que sujetan fuertemente, uniformados que aparecen fuera de plano. Una serie de datos que no se pueden verbalizar si no los articulamos con los testimonios con los que tal vez puedan coincidir en el futuro.

Inmediatamente me acordé de los dibujos de Julio López en su valeroso testimonio que le costó la desaparición (aún no resuelta por ningún gobierno). Las fotos de Helen Zout nos han brindado una fuente emocional de sentido sobre la tragedia de este hombre que supo afrontar las atrocidades de sus torturadores con memoria, persistencia y un inmenso valor.


Cuando visité la página donde estaban los dibujos me topé con el video en donde aparece López dando su testimonio (arriba). Por alguna razón oculta en mi, siempre evité ver este video. Cuando lo vi,  me di cuenta entonces de la enorme carga visual de las palabras de López. Y me pregunto, y les pregunto: ¿Si acaso tuviéramos fotografías de los horrores que describió Julio López, habrían sido tan fidedignas como su relato oral?.

Tal vez sea tiempo de más palabras (como las de López), y de menos imágenes (vanales) como las que nos llegan todos los días.