LOS COLORES NO HABLAN

Yo iba a pensando en líneas, puntos y planos. Ella me contestó con luz, longitud de onda, tiempo, color. Karina Peisajovich es una de las artistas más grosas de la actualidad argentina.

Su pensamiento respecto a lo que hace se parece a lo que, imagino,  un filósofo podría decir con respecto a la utilidad de una silla o un tenedor. Peisajovich respeta los materiales, intangibles, con los que trabaja. Entonces, no les atribuye valores de referencia ni establece analogías. No intenta comprenderlos.

El color, ya tuve esa experiencia con Juan José Cambre, tiene su propia «conversación». El mundo del color transcurre en el espacio y en el tiempo, y ya no sabemos muy bien qué es, salvo esta artista que sabe nombrarlo,  y colgarlo en las paredes. A veces hasta lo enmarca en su aparente inmaterialidad.

Ahora se pueden ver sus dibujos a lápiz en las paredes de Vasari. Intervenidos por súbitos apagones, que nunca se repiten en la misma frecuencia. Un llamado de atención sobre la vitalidad de una obra que es siempre la misma y nunca se repite.

Si aprendemos color con Karina, será despojado de todas las connotaciones pueriles a las que la sociedad nos lleva en sus innumerables «ataques visuales» cotidianos. Como decía J. M. W. Turner: «La luz es, por lo tanto, color.»