Luz, cámara!

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Si hay algo de lo que todavía no hemos charlado aquí es de la luz. ¿O siempre estamos hablando de la luz? Parece mentira! La luz no se ve si no es en las cosas que toca. Esta semana que pasó, vi unas cuantas películas en el Festival de Cine de Holandés, en la sala Lugones. Entre las que más me gustaron les apunto Luz Holandesa, de Pieter-Rim de Kroon.

Más allá de la belleza visual de este film, me resultó gracioso que de todos los testimonios que citan ( pintores, críticos, historiadores del arte, etc) lo que se puede concluir es que ciertamente hay una luz holandesa, pero como también hay una luz italiana, una luz francesa, etc.

Una de las razones de la película es que, aparentemente, debido a ciertos cambios climáticos  y  también a la paulatina elminación de grandes espejos de agua en el país, la luz holandesa se está perdiendo.

Esta idea tan  me hizo reflexionar un poco sobre la luz que más conozco, la de Buenos Aires. Pensé que la luz de nuestra ciudad se ve muy bien en el libro Buenos Aires Buenos Aires, de Sara Facio y Alicia D ´Amico. E inmediatamente después, no recuerdo ningún libro sobre la ciudad donde  la luz juegue un papel importante. ¿Ustedes?

Tengo la sensación de que algo cambió para siempre. Me doy cuenta de la imposibilidad de recuperar esa pérdida. Y me quiero aferrar a los momentos en los que la luz era parte de mi juego cotidiano. ¿Cuándo fue eso? En la infancia, la etapa más inquietante de la vida.