Maestro sin querer

Oscar Pintor es un fotógrafo de la intimidad. Desde su primera muestra sobre su San Juan natal hasta las fotos de sus hijos, todas sus imágenes construyen el rompecabezas de su vida y sus afectos. La mirada de Oscar es muy concentrada; no es su intimidad la que fotografía, es «la intimidad». Su trayectoria es larga. Su obra es corta, mínima. Hace tiempo que decidió no fotografiar más; se le habían acabado las ideas, dijo. O al menos eso creo que dijo. Afortunadamente, este año volvio a mostrar un trabajo atípico para su estilo despojado. Rescató del olvido fotos familiares arruinadas por una inundación. Y produjo una serie íntima también, pero donde podemos adivinar su mirada perruna (¡perruna!) en el manejo del diseño y la superposición de imágenes. Un juego, una diversión tal vez.

Pero ahora no. El jueves 7 de agosto Oscar inaugura una retrospectiva de todo su trabajo. Es la oportunidad de aprender una lección. La lección de un maestro que enseña sin proponérselo. Que nos ofrece su intimidad para que entendamos de que se trata fotografiarse a si mismo sin aparecer. Vislumbrar la ternura en un tejido gastado, húmedo, colgando de un alambre de púas. La juventud de sus hijos que surgen del agua como árboles un poco amenazantes. La infancia, rescatada en un caballito de madera sobre un paisaje de hielo.

Efectivamente, Oscar tiene la mirada de un perro! un perro sabio que ha visto mucho de los humanos, y puede apreciar el paisaje desde otro nivel de comprensión. Los ojos de un perro ingenuo, cariñoso y comprensivo, siempre alerta.