Mujeres 05 (y esto no se termina más!)

Ayer lunes, llegué temprano al diario. Mala idea. Me topé con Marina que me preguntó a viva voz dónde podía encontrar fotos eróticas!. Si, si, aunque no lo crean Marina tiene esas cosas, es imprevisible. Mientras revolvía incansablemente una taza de té verde, (que más se parecía a la yerba de ayer) me mostró unos sitios pedorros que anduvo merodeando (los que no están banneados aquí, claro) y entonces no tuve más remedio que compartir con ella algunos de mis preferidos. Y ni siquiera me convidó su té verde. Una desagradecida

Pero no les voy a contar de esos sitios; no, lo siento mucho. Tendrán que esperar a que Marina inaugure su blog y les aseguro que esta chica tiene mucha pimienta. Yo, sigo con el tema de las mujeres (ya que con el «Cuento de domingo» todavía no pasa nada…)

El fotógrafo norteamericano Mark Borthwick editó su último libro NOT in FASHION. Ya había urgado algo en sus fotos y me parece un tío joven que le da mucho movimiento a sus imágenes de moda. Además, le gusta seguir disparando fuera del set. No será Juerguen Teller, pero buehhh…

Igual, acá no tenemos nada que envidiarle. Me fui directo al sitio de Urko Suaya. Creo que es el mejor en fotos eróticas de chicas. Pero mientras iba mirando a esas bellezas, me pregunté: ¿Quién podrá igualar al grande de Helmut Newton con las fotos que le hizo a su mujer Alice Spring?  A los cincuenta años era una mujer impresionante y podía despertar más ratones que el flautista de Hamelin con la amplificación de los Rolling Stone.

Todo esto no tiene nada que ver con la búsqueda de la esencia femenina. ¿O si?  Perdón queridos amigos y amigas. La culpa es de Marina. Los invito a ver estos sitios que recomiendo. Yo creo que hay que preguntarle a las mujeres directamente. Ellas saben, lo tienen todo más claro. No obstante, algunos hombres se han acercado a definir esa esencia. Scott Fitgerald casi lo logra en Suave es la noche: «Su hermosa frente se abombaba suavemente hasta una línea en que el cabello, que la bordeaba como un escudo heráldico, rompía en caracoles, ondas y volutas de un color rubio ceniza y dorado. Tenía los ojos grandes, expresivos, claros y húmedos, y el color resplandeciente de sus mejillas era aunténtico, afloraba a la superficie impulsado por su corazón joven y fuerte. Su cuerpo vacilaba delicadamente en el último límite de la infancia: tenía cerca de dieciocho años y estaba casi desarrollada del todo, pero seguía conservando la frescura de la primera edad» ¿Qué tal?