París es una fiesta japonesa

«París no se acaba nunca» decía Enrique Vila-Matas en su novelada autobiografia de juventud. Y preguntaba al lector cuáles eran sus razones para la desesperacion. Él mismo se despachaba con una lista de tristezas y desencantos. Pero al final de esa lista encontraba el alivio en París, ciudad infinita,  donde el futuro escritor intentaba emular a Hemingway mientras escrbía su primera malograda novela.

¿Pero a que viene París en este comentario?, dirán ustedes amigos mios (¡?). Y yo les digo: ayer se inauguó la 12 th edición de Paris Photo, la fería de fotografia más impresionante que tenga recuerdo. Y no estoy ahi! Termina el domingo y no llego!. El lugar es el Carrousel du Louvre y allí adentro ya están los 107 expositores provenientes de 19 paises de todo el mundo.

París es una fiesta! y el invitado de honor en esta ocasión es Japón. Y yo no sé nada de fotografía japonesa, salvo algunas cosas de Araki y de Rinko Kawauchi. Bien opuestos en sus búsquedas estos dos pibes. Grandes fotógrafos. Araki es un transgresor y le encanta enfiestarse (perdón!) mientras hace fotos como un poseido. Su «Diario de un Foto-maníaco» que publicó en los años 90 le valió la censura y una multa por obcenidad y por ofender la integridad de la mujer.

Lo de Kawauchi es frágil. Esa es la palabra para la delicadeza extrema que encuentro en sus pequeños detalles. Los roces imperceptibles, la acuosa curvatura de un globo ocular. Fotos inolvidables (y no hay tantas, no?)

Mi amiga Miwa, de la Librería Dashwood del East Village me había introducido a este autor notable, el año pasado cuando estuve de visita al otro lado de la manzana entrevistando al gran Robert Frank. «La fragilidad no reconoce sentimientos» decía Miwa mientras me mostraba los estantes atestados de libros de autores japoneses que David Strettell se dedica a coleccionar desde el 2004 cuando inauguró la librería contra viento y marea. «No quiero vender souvenirs aqui, no quiero poner un café tampoco. No quiero que los clientes se me instalen en la librería. El espacio es para los libros» Decía David en una entrevista en 2006.

París, fotografia japonesa, una librería pequeñita en New York. Un librero ávido y valiente, mi amiga Miwa. La fragilidad, el fetichismo, el amor por los objetos. Los malditos festivales de fotografía que crecen como hongos y yo aquí, en la fábrica de noticias!, imposibilitado de tomarme un avión esta misma noche. Piensen en cuáles pueden ser sus razones para la deseperacion. Yo empiezo mi lista, mientras sueño con París.