Pura espuma

Todavía tengo fresquitas en la mente algunas de las buenas imágenes que vi en el Buenos Aires Photo. De las malas, ya me olvidé! Y las que recuerdo, no es que fueran “lindas”, o siquiera que me gustaran mucho. Hay que hacer el ejercicio de abrir el coco y permitirse recorrer algunas fotos que tal vez rechazamos en una primera mirada

Me pasa mucho que aquellas fotos por las que siento inmediata empatía, al acercarme más, y más, no me dan mucho que me conmueva. Más bien me aburren y me doy cuenta que mi acto reflejo obedeció a alguna “forma de educación” que necesito cambiar. Y la quiero cambiar porque ya no me entretiene, no me permite conocer cosas nuevas.

Siempre están aquellos autores que uno no se cansa de ver porque descubre nuevos caminos todo el tiempo. O por épocas. Por ejemplo: con Henri Cartier Bresson tengo esos procesos. Por años me aburre y puedo llegar al borde de un ataque de narcolepsia. Y redepente, lo descubro otra vez! y empieza un enamoramiento inexplicable.

Me pasa también con algunos fotógrafos que no entiendo pero que me atraen mucho. A ver, yo le cuento los míos. ¿Ustedes me cuentan los suyos?

Fotógrafos que me encantan pero que no entiendo mucho:

Paul Graham (la foto del semáforo)

Nicholas Nixon

Serguei Bratkov (arriba)

Res

Cindy Sherman

Rinko Kawauchi (encabezando el post)

Lena Szankay (abajo)

Les aclaro, no quiero decir que tengamos que entender lo que nos gusta. Tal vez, en eso reside la atracción que sentimos por esas imágenes. Pero también es cierto que si entendemos, seguramente llegaremos más profundo en los diversos significados que el autor se propuso exponer. Y este impedimento (mío) lo veo más cuando nos cuentan una historia, cuando ponen dos o más imágenes en funcionamiento. Y otra que me olvidaba: le dedico poco tiempo a “ver qué cuentan” al visitar a un autor en su página web. En las muestras y los libros me va mejor. ¿A ustedes les pasa?

Paro aquí y los invito a conversar.