¿Quién es el culpable?

Ayer, después de las inauguraciones, fuimos con un pequeño grupo a cenar a Miraflores. Cuando casi finalizábamos vi que pasaba por la calle Vera Lentz, la intrépida fotógrafa peruana que mejor registró los años de violencia en este país. Vera vino a nuestra mesa y compartió una copa de vino.

La había visto dos días antes, durante su presentación en el panel de Periodismo Gráfico, en el coloquio de la Bienal de Fotografía de Lima. En ese momento me pareció una mujer decidida y un poco distante, apremiada por mostrar la mayor cantidad de fotos en el restringido tiempo de su turno.

Pero anoche la tuve frente a frente, pude ver el sufrimiento en sus ojos y sus gestos. Contó historias de Ayacucho en los peores momentos de violencia. Y las enormes dificultades que tenía siendo una fotógrafa free lance, con su pequeña hija que llevaba a todas partes. Vera ha reunido todo el material de aquellos años en una muestra en el marco del festival que se llama No se puede mirar.

Horas antes asistí a la charla de Milagros de la Torre, multipremiada fotógrafa peruana residente en Nueva York. Su muestra Indicios ocupa una de las mejores salas del Museo de Arte de Lima. Siendo la hija del jefe militar de la lucha antisubversiva durante los primeros años de gran violencia guerrillera, Milagros tuvo una infancia signada por el peligro de atentados y custodias permanentes.

Las dos artistas muestran dos aspectos bien diferentes de la violencia en este país. Incluso la utilización que hacen de la técnica es opuesta. Vera es una fotógrafa siempre presente en el lugar de los hechos. Milagros, una investigadora de archivos que casi nunca dispara una foto.