Quiero fotografiar, pero qué?

The negative man estaba sentado en un bar, en una mesa junto a la ventana. Lo vi al entrar y, obvio, preferí no saludarlo. ES un plomo, siempre le encuentra la vuelta negra a todo. Y yo venía de la presentación que hizo Thomas Struth en la Fundación Proa. La verdad, me sentía exultante. Tanta fotografía, tantas preguntas sin respuesta… Tanto por hacer! Tenía fresca la conversación con Estaban Pastorino y Rosana Schoijett después de la conferencia. Esteban decía que al fin de cuentas, la obra de un autor como Struth se compone de aquellas fotos que hace cuando está de vacaciones, o en tránsito entre una conferencia y otra en paises diferentes.

The negative man metió la cola (¿o the negative woman? ahora que me enteré que visita este sitio!) pensé yo. Se contaminó Esteban también? Imposible, Pastorino es inmune a la mala onda. Entonces era yo que escuchaba mal?. ¿O eran las fotos que había visto durante la conferencia?

Struth mostró durante la charla parte de su trabajo de los museos (arriba). El público en los museos, las obras, las salas vacías, los cuadros solitarios, los turistas mirando embobados las partes más impúdicas del David, etc.

Al ver este material, más allá de lo sugestivo que me resultó, no pude menos que recordar las excelentes fotos de Martín Parr en Small World (foto de la izquierda). Y pensé: “este pibe las hizo  antes y las hizo mejor”. Pero mi lado bueno también tenía lo suyo para decir: “No hay tantos temas para fotografiar ya. ¿Cuál es el problema en tener varias miradas sobre lo mismo?”

-Es que algunas fotos son parecidísimas! contraatacó mi otro yo. En ese preciso instante (terrible momento), Adriana Rosemberg (directora de Proa y excelente anfitriona) me susurraba al oido: ” la gente que aparece como público en las fotos de los museos, son contratados. Ya no se puede fotografiar a un extraño sin correr el riesgo de ligarse un juicio!”.

Sentí un leve estremecimiento y mis pocas neuronas me abandonaron y me desvanecí entre Adriana y Alicia de Arteaga!. Lo único que puedo recordar es que unos minutos después estaba en el restaurant de Proa con una copa de vino blanco en la mano y rechazando un canapé riquísimo de pinta, pero que mi estado mental me impedía probar.

“Los fotógrafos son como los escritores, empiezan con una buena historia y después empiezan a escribir de sí mismos, o de sus colegas, o de otros libros, o de mundos literarios y no contemporáneos, por la sencilla razón de que ya no tiene tiempo para vivir como las personas comunes y corrientes. Se citan a sí mismos o a otros artistas. Un círculo vicioso bahh!”, dije yo, cebado por la tercera copa de vino blanco. Cuando finalmente me di cuenta de mis pensamientos desatinados preferí salir a la vuelta de Rocha, despejarme con el aire fresco (¿?) que soplaba en el riachuelo y enfilar al primer bar que encontrara para tomarme un cafecito (o una cerveza) y seguir torturándome con estos pensamientos un poco más.

The negative man estaba mirando por la ventana del bar. Tenía una camarita cualquiera en la mano. Apuntaba y disparaba cada vez que alguien pasaba a un metro de distancia por la calle vacía. Y con tan poca luz disponible! Lo observé y me di cuenta que lo hacía muy sistemáticamente, pero medio distraido.

Me acerqué a su mesa y sin sentarme le pregunté sin saludar: “¿Qué estás haciendo mala persona?”. -Busco mi tema, replicó sin mirarme siquiera.