Toda la vida, en un solo día

Recién me entero de la muerte de Sergio Larrain. Un mito de la fotografía contemporánea. Una obra inmensa en unas pocas fotos. Todo pasa. Sus fotos quedan, pero no son conocidas por la mayoría de los fotógrafos de la nueva generación. Y mucho menos por el púlblico en general.

Virginia Woolf tenía la pretensión de narrar toda la vida de una mujer en tan solo un día. El resultado de semejante proeza fue La señora Dalloway, un librito que en su momento me resultó difícil de leer. Ayer vi, creo que por décima vez “Las Horas” y me volvió a cautivar el desarrollo simultáneo de tres historias en tres diferentes momentos y lugares. ¿La vieron?.


Cuando pienso en mis fotos, me doy cuenta de que mi amibición es tan alta como las metas que se planteó Virginia Woolf hace 90 años.  Si, es por eso que tengo tan pocas fotos, y las que muestro me dan vergüenza. Y no hago esta declaración por falsa modestía, les aseguro. Aún así, nunca abandono la tarea diaria de “intentarlo”; aunque más no sea de ojito. ¿Ustedes, cómo hacen?

Conozco fotógrafos que están perdidos en las miles de carpetas que ellos mismos han creado con sus fotos. Incapaces de clasificarlas, se debaten en una serie de batallas mentales entre el deseo de “volver a verlas” y la certeza de que “ya no son tan buenas”. A mi me pasa todo el tiempo.

Ayer, entregué a imprimir mi primer librito hecho en offset digital. Juntar las imágenes de un mummy de hace siete años me provocó un colapso nervioso. No se bien por qué, la malditas fotos no estaban donde deberían haber estado. Me maldije una y otra vez por mi falta de previsión, mi extraño sentido del orden, mi falta de scanner, mi falta de vocación archivística. En fin, ayer no fue un buen día! 🙁

En un momento de la peli, Virginia intenta huir a Londres. Escapar de Richmond donde vive retirada con su marido, debido a sus desórdenes mentales. Él la corre hasta la estación del tren, desesperado porque ella ya intentó suicidarse dos veces.  En la escena más emotiva de toda la película Virginia hace un alegato sobre su derecho a elegir, aún siendo consciente de su enfermedad. “No se puede encontrar la paz evitando la vida” le grita suplicante.

Estoy seguro que nunca seré un fotógrafo aplicado y consecuente de la noche a la mañana. Pero quiero subir un escalón de vez en cuando, y no verme en la obligación de bajarlo después. Hay que revisitar esas carpetas olvidadas, buscar los negativos, revolver los cd´s, descubrir otra vez esas copias de prueba. Volver a dedicarles tiempo,  y espacio para que sean vistas. La mayoría de nuestras fotos son inéditas.