UN GATO, LA VIDA ENTERA

Siempre pensé que lxs escultorxs son seres muy especiales. ¿Será el necesario contacto con la materia que los hace tan emocionales? Lorena Guzmán vive en Florencia desde hace unos cuantos años.

Su vida y su obra aparecen mezcladas todo el tiempo, y se corporizan en la invención de pequeños animales mitológicos. Mientras ella indaga en la historia, su hija la ayuda en la creación. Trabajan a dúo bajo la mirada desinteresadas de sus animales de carne y hueso.

«Un gato puede ser un hijo, con la diferencia de que el gato no se va de tu lado y los hijos si», sentencia Lorena. ¿Cómo se recupera uno ante la pérdida del felino amado? Es posible reemplazar ese cariño por otro, o hay algo que perdemos irremediablemente con esa muerte?

Lorena vuelca su amor en sus esculturas de animales, porque le parece que ellos hablan mejor de la condición humana. Vemos pasar la vida en los ojos de nuestros gatos más queridos, y ellos la reflejan en estos mundos extraños que la artista construye.

Tanta intimidad y compromiso puede caer en la trampa del vocabulario de los críticos y curadores. Lorena está prevenida contra la invasión del «arte contemporáneo» y actúa por su cuenta. Vean y escuchen lo que tiene para decir.