Una foto lleva a la otra

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Recién subí a Facebook una historia curiosa. La de una foto que lleva a la otra, y esta a un libro y a otro. Los temas son siempre los mismos y siempre conservan idéntica frescura para mi: La primera foto, los libros de fotos, la magia del “ojeo”. Pero mejor me ordeno y le cuento lo que me pasa.

Arriba les subo una de las primeras fotos de Henri Cartier Bresson. Y abajo, el dorso de dicha foto con las anotaciones que él mismo hizo. Qué bueno es volver a los grandes! Me tranquilizan. Los miro sin cansarme y pienso: “Es posible! Ellos lo hicieron bien fácil”.

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Investigando sobre Brussels 1932 me topé con el blog de José Manuel Suárez. De la foto no pude saber nada más de lo que el autor quiso consignar por propia mano. Pero me maravilló el blog de José Manuel y me congratulo de haberlo descubierto. Aquí abajito, su ante último post dedicado al libro de Ellen Jong que es acerca del “pilín” de su marido. ¿Qué tal Amanda?

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Como varoncito, me siento halagado y un poco envidioso del marido de Ellen… Y no se confundan! Que una mujer le dedique tanta curiosidad a “nuestro mejor amigo” es un piropaso.  ¿O no?. Si, ya sé, ustedes pensarán que no hay vínculo alguno entre la foto del bueno de H.C.B. y el libro de Ellen. Me permito levantar mi voz en desacuerdo! hip!. Y declaro: El nexo lógico y evidente es la cualidad vouyerística de estos dos trabajos,  y de los autores, de los sujetos!. Amigos, amigas, es la primera condición que tenemos que reconocer para saber si somos, o no,  fotógrafos. Lo esencial es espiar y fotografiar lo que usualmente no se ve, o no se deja ver. Tal vez lo mismo que esos señores de bigotazos miraban con desparpajo, pero cautelosamente.