Voy a hacer mi autorretrato

Si en la década de 60 los fotógrafos (algunos, y en los Estados Unidos) ya no intentaban cambiar el mundo con sus imagenes, sino apenas comprenderlo.

En el siglo XXI y terminando  este 2014 ya solo buscamos recrear lo poco que logramos entender en todos estos años. Y queda pendiente abordar lo que ahora mismo está sucediendo y no descubrimos cómo fotografiarlo

Entonces recurro al álbum familiar. O lo que queda de él. Yo tengo cuatro, cinco álbumes. Son carpetas anilladas de tapas negras. Las hojas son de cartulina gruesa color té con leche. Las fotos las pego con esquineros!. Son más o menos temáticos. Uno es de un viaje a Nueva York con mis hijas, por ejemplo.

El autorretrato le está ganando la carrera de la supervivencia al álbum familiar. Es más fácil de producir, de guardar y de mostrar. Por otra parte,  a nadie, nadie, se le ocurre hacer arte con la familia propia (salvo Cecilia Reynoso!  -arriba- ). Asumo que no hay ningún Larry Sultan vernáculo. Alejandro Kirchuk puede ser, ¿no?. Bueno,  acá estoy haciendo afirmaciones que no puedo comprobar. Recurro a ustedes amigos y amigas comentaristas.

¿Qué opinan del premio Caraffa ganado por Gustavo Silveti? ¿Tal vez sea una contribución al dilema planteado al inicio de este post?

¿Quiénes de ustedes tienen todavía un álbum familiar (físico) y lo siguen alimentando? Acá hay que subir fotos para probarlo… 🙂

¿Conocen fotógrafos, fotógrafas, locales que hayan hecho un cuerpo de trabajo con su propia familia? También, suban fotos.

Nota: la foto que encabeza este post se titula «Autorretrato» y es de Gustavo Silveti, ganador del premio de Fotografía Contemporánea Argentina del Museo Caraffa de Córdoba