Y EN EL PRINCIPIO NO ERA ARBUS

El mal de los historiadores se llama «síndrome iconológico». Esta enfermedad, leve pero que requiere largos tratamientos, consiste en encontrar (leer) en una fotografía datos que no están a la vista, y que tampoco están al alcance de un observador medio (no digo cualquiera ehhh?). Entonces, el historiador descubre significados que le permiten colgar la foto en una catedral (eso era la sala del MalBA ayer me dijo un gran amigo).

Las imágenes que vimos ayer, a excepción de algunas ya muy conocidas y las nueve en medio formato colgadas sobre el final de la muestra, son los bocetos, los intentos, las búsquedas desesperadas de una gran artista, antes de serlo. Es decir: se ha ido a escarbar en los archivos de esta mujer (que tanto le costaba publicar sus fotos) para encontrar joyas que no son tales, sino más bien apuntes de lo que después, cuando pudo comprar su primera cámara de medio formato, sería su estilo inconfundible, despreciado por la mayoría de la misma gente que, ayer al igual que hoy,  si viera esas mismas fotos en un centro cultural del Abasto no dudaría un instante en bajarles el pulgar.

Un detalle no poco importante en esta muestra curada por Jeff Rosenheim, curador en jefe de fotografía del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y custodio de la obra de Arbus, es que todas las fotos expuestas, menos las ya mencionadas nueve 6×6 son copias realizadas por la misma Arbus. Contrariamente a lo que pensaba, Arbus era una impresora correcta y prolija. Revelaba mal sus negativos (para los estándares de la época) demasiado grano, y los medios tonos le quedaban bastante empastados en el positivado. Pero claro, para lo que se sabe hoy sobre impresión analógica en blanco y negro, y para lo que vemos a diario en Instagram, estas copias son sublimes.

Entonces, construimos una iglesia, disponemos las fotos  como para marear a un capitán de un rompehielos. Plantamos las frases de Arbus (espléndida escritora como dijo bien Rosenheim) a más de tres metros de altura, casi perdidas en la oscuridad, y creamos un clima religioso. La veneración de las imágenes es un fenómeno tan viejo como la religión (occidental)