YO NO SOY NAN GOLDIN

Es una obviedad, pero no tanto. Si lo miramos más en perspectiva, no porque te la pases haciendo autorretratos y fotografiando a tus amigxs, por más marginales que estos sean (en el caso de que lxs amigxs de Goldin lo hayan sido). Te convierten necesariamente en la primera artista fotógrafa que exploró la intimidad hasta sus límites más oscuros, aparentemente.

Y digo que lo de Nan Goldin fue en apariencia, porque verdaderamente en sus obras más celebradas llega a los márgenes, pero nunca los traspasa. Por ejemplo, no encuentro ni una foto suya que sea totalmente explícita, desde el punto de vista de la genitalidad. En Goldin no hay porno. En primer término no hay porno por un problema estético. Esta mujer siempre tuvo un idea muy precisa del manejo del color, de la forma, incluso de la técnica. Si!, no se rían.

Yo, que siempre pensé que nunca me había mirado al espejo, resulta que tengo montones de autorretratos a lo largo de mi vida. Pero son fotos inocentes, frente al espejo del baño o del ascensor, en las que lo único que me preocupaba era mostrar la cámara que había llegado a mis manos y con la que estaba experimentando (trabajando).

Lo de Goldín es otra cosa. Es lo que hace Ceci Reynoso con Los Flores y las flores, por ejemplo. Un retrato sistemático, a lo largo del tiempo, de una intimidad escenificada con disfraz espontáneo. Precisión milimétrica encubierta de desprolijidad. El arte sin artificios, que así debe ser.

Fotos como las de Goldin hace cualquiera. El asunto es ponerlas todas juntas, darles un sentido y exhibirlas. ¿Quién se atreve a tanto?